Riesgos de no tener los neumáticos en buen estado:
Aumento del consumo de carburante, si el neumático está menos inflado de lo normal, cifrado en un 3% cuando la presión es simplemente medio punto por debajo de la que contempla el fabricante.
Riesgo de pérdida de adherencia sobre el terreno, especialmente cuando la presión es superior a la que marca el fabricante.
Desgaste prematuro e irregular de los neumáticos, lo que acorta sensiblemente su vida útil.
Aumento de la distancia de frenado cuanto menor es la presión de inflado.
Posible comportamiento sobrevirador o subvirador si la presión de los neumáticos traseros o delanteros, respectivamente, es inferior a la marcada por el fabricante.
Riesgo de que el neumático se salga de la llanta a partir de 1 bar de presión inferior a la que preconiza el fabricante.

















